El consumo responsable en el contexto de la Ley de Segunda Oportunidad se refiere a la práctica económica basada en la gestión prudente de ingresos y deudas para evitar el sobreendeudamiento.
Esta práctica implica una planificación racional de los ingresos y gastos, así como una evaluación previa de la capacidad de endeudamiento antes de asumir nuevas obligaciones. Se relaciona directamente con la prevención del sobreendeudamiento, uno de los principales factores que conducen a situaciones de insolvencia y concurso de acreedores. Fomenta la educación financiera y la transparencia en las relaciones de crédito, contribuyendo a un sistema económico más sostenible y equilibrado.
En definitiva, el consumo responsable no solo es una práctica financiera saludable, sino también un principio ético y jurídico que promueve la sostenibilidad personal, la equidad social y la confianza en el mercado crediticio.